PRIMER MOMENTO ESTELAR DE ESPAÑA: LA LLEGADA DE ROMA

La historia de los grandes pueblos y naciones, extendida a través de los siglos,

se compone de momentos trágicos, tractos normales y momentos estelares, que

marcan a todo el conjunto de esa historia. Roma es, como venimos diciendo, una

de las raíces profundas, una de las fuentes primordiales y esenciales de España, que

no puede entenderse sin la profundísima huella romana y por eso la llegada de

Roma a Iberia, que con Roma se llamó Hispania, constituye sin duda alguna el pri￾mero de los momentos estelares de la Historia de España.

La segunda guerra púnica, la lucha a muerte entre Aníbal y Roma, es una gue￾rra hispánica; se prepara y se inicia en Hispania, convertida en base cartaginesa

para la gran expedición de Aníbal y en campo de batalla para el choque decisivo

de los ejércitos de Roma y de Cartago. El conflicto que incendió Hispania, Italia,

el norte de Africa y todo el Mediterráneo occidental, duró diecisiete años, desde

218 a 202 a.C.. Expugnada la heroica Sagunto, Aníbal emprendió la marcha por

la ruta costera -la Vía Hercúlea, el Camino de Hércules, practicable pero rudi￾mentario- hacia el límite del río Ebro, con clara intención de violarle. Cruzó el

gran río ibérico, que sería en el futuro, desde Julio César en el siglo I a.C. a las

Brigadas Internacionales soviéticas que allí fueron aniquiladas en el siglo XX

d.C. teatro de batallas trascendentales en la historia de Occidente. Florecía la pri￾mavera del año 218 a.C. cuando Aníbal, con sus elefantes en temible vanguardia,

dirigió a su selecto ejército de cincuenta mil soldados de mayoría hispánica: ibe￾ros. celtíberos y lusitanos, además de los cartagineses; la caballería ligera era tam￾bién mixta de hispanos y púnicos. Aníbal sometió a los pueblos ibéricos que

poblaban la actual Cataluña -sobre todo los ilergetes- pero les trató con benevo￾lencia para no dejar enemigos a la espalda. Envió fuertes contingentes ibéricos

para reforzar en Africa las defensas de Cartago y dejó a su hermano Asdrúbal

Barca con veinte mil hombres como guarnición de Iberia. Cuando Roma se ente￾ró del avance de Aníbal envió por tierra a uno de sus mejores estrategas, Publio

Comelo Escipión, para cerrarle el paso en la actual costa del sureste francés. Pero

cuando Escipión llegó a Massalia, aliada de Roma, Aníbal le había desbordado ya por el norte camino de los Alpes y entonces Publio regresó a Roma y ordenó a su

hermano Cneo Comelio Escipión que navegase directamente hasta Ampurias para

disputar a los cartagineses de Asdúbal el vital dominio de Hispania. Así llegó

Roma a Hispania a fines del verano del 218 a.C. Aquí sigue.

Los ilergetes, con su jefe Indíbil al frente, se incorporaron al ejército romano

de Cneo Escipión que mereció, como su hermano Publio, el calificativo que un

siglo largo más tarde les dedicara el primer orador de Roma, Marco Tilio Cice￾rón: dúo fulmina belli, dos rayos de la guerra. Derrotó a cartagineses e iberos en

la localidad de Cese, donde las legiones alzaron un campamento permanente con￾vertido pronto en ciudad próspera, con el nombre de Tarraco, hoy Tarragona, capi￾tal más que bimilenaria de la Hispania romana. Con la escuadra que había traído

de Italia Cneo Escipión venció a la cartaginesa en las bocas del Ebro y consolidó

su dominio al norte del gran río. El ejército de Aníbal tema cortada la retirada a

través de Hispania.

Pero Aníbal no se preocupó demasiado. Urgió a su hermano Asdrúbal que

preparase un cuerpo de reserva para apoyarle en Italia y se lanzó contra Roma en

una de las más asombrosas marchas de la Historia. Había atravesado los Alpes por

el difícil paso llamado actualmente de Mont-Cenis y desde la cumbre mostró a sus

huestes ansiosas las feraces llanuras del valle del Po. En las campañas del 218 y

el 217 las tropas hispánicas de Cartago actúan con eficacia decisiva en las victo￾rias del Tesino, Trebia y Trasimeno pero, por temor reverencial a ios altos muros

de la Urbe —como los romanos llamaban a Roma— no se atreve al asalto contra ella

y la rebasa hacia el sur. Aliviada cuando se creía próxima a sucumbir, Roma envió

contra el cartaginés a un gran ejército de predominio juvenil en la campaña del

año 216, que resultó destruido en Cannas completamente por Aníbal: el vencedor

llenó varios sacos con los anillos de oro arrancados a los romanos muertos en el

combate. Pero en vez de aprovechar este momento de suprema debilidad romana,

Aníbal y su ejército se sumergieron en las delicias de Capua entre la holganza y

las orgías mientras Roma conseguía milagrosamente rehacerse de su postración.

El año anterior a Cannas y con certera visión de la estrategia hispánica que

condicionaba toda la guerra púnica, Roma había enviado con un valeroso ejérci￾to a Publio Escipión como refuerzo al de su hermano Cneo. Los Escipiones espe￾raron al cuerpo hispano-cartaginés de Asdrúbal que marchaba hacia los Alpes con

el fin de caer sobre Roma en tenaza junto a Aníbal y le denotaron cerca de Tor￾tosa. Envalentonados, los Escipiones decidieron llevar la guerra al Sur de Hispania y consiguieron la alianza oportunista de algunas ciudades turdetanas. En la

campaña del 211 los dos hermanos reconquistaron Sagunto de la que expulsaron

a la guarnición púnica con lo que se presentaron ante los hispánicos como libera￾dores. Pero el ejército hispano-cartaginés ejecutó con habilidad un plan para des￾truir por separado a los dos ejércitos romanos de Publio y Cneo, que cayeron en

la trampa de actuar aparte. Primero pereció Publico cerca de la ciudad turdetana

de Cástulo, capital de la zona minera; y luego fue derrotado y muerto Cneo en

Ilorci. la Lorca actual. Los romanos de Tarraco consiguieron a duras penas man￾tener la línea del Ebro pero la guerra parecía finalmente encarrilada a favor de

Cartago.

Surgió entonces en Roma el milagro. Publio Comelio Escipión II, hijo y sobri￾no de los dos jefes romanos muertos en el sur de Hispania e ídolo de la juventud

romana superviviente, consiguió del Senado el mando supremo en Hispania y

desembarcó en Tarraco el año 209 a.C. Concibió entonces y ejecutó a la perfección

lo que parecía un imposible: emprender por la Vía Hercúlea una audacísima mar￾cha por sorpresa contra Cartago Nova, -la capital y base primordial de Cartago en

España- La escuadra romana de Lelio le flanqueaba desde el mar litoral. En sólo

diez jomadas se presentó ante las defensas de Cartagena, muy descuidadas por sus

defensores que ya creían ganada la guerra contra Roma en España. Escipión se

apoderó con inusitada facilidad de Cartago Nova y en la siguiente campaña derro￾tó al ejército de Asdrúbal en la primera batalla de Bailén. El jefe cartaginés consi￾guió rehacerse y tomó de nuevo el camino de Roma pero fue aniquilado por dos

ejércitos consulares romanos en la primavera del 207. Aníbal, embrutecido en las

delicias de Capua, parecía perdido.

Publio Comelio Escipión deseaba terminar cuanto antes con Aníbal pero com￾prendió con sumo acierto que antes tendría que asegurar el pleno dominio de His￾pan i a por Roma. Sometió fácilmente a todo el valle del Betis y la primera ciudad

cartaginesa en Iberia, la fenicia Gádir, le ofreció fidelidad, que mantuvo hasta el

fin del Imperio romano. En la campaña del 206 el segundo Publio Escipión repri￾mió cruel y efectivamente algunas rebeliones de ciudades y pueblos hispánicos.

Privado definitivamente de sus imprescindibles bases hispánicas Aníbal abando￾nó a casi todo su ejército en Italia y regresó a Cartago para dirigir la defensa

desesperada de la ciudad. Escipión, el gran triunfador en Hispania, le siguió con

sus tropas a Atrica y le derrotó completamente en la decisiva batalla de Zama

durante la campaña del año 202 a.C. Aníbal consiguió escapar a los reinos helenísticos de Asia y Cartago, tras firmar una paz humillante, trató de recuperarse

bajo la mirada enemiga de los romanos. La última posesión púnica en Hispania,

la hermosa isla de Ebusus-Ibiza, concertó un foedus -una alianza- con Roma al

acabar con la victoria total de Roma la segunda guerra púnica.

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